El sufrimiento de la actualidad

Ansiedad y depresión · Autoexigencia

El sufrimiento psicológico no puede entenderse únicamente como un problema individual, también influye el modelo social que le acompaña y, actualmente éste se caracteriza por la presión constante, la aceleración y la hiperproductividad, siempre persiguiendo un modelo externo y de éxito económico.

Muchas personas viven bajo expectativas extremadamente altas: ser exitosas, productivas, atractivas, emocionalmente fuertes y capaces de llegar a todo. Existe una distancia entre lo que se cree que se debería lograr y lo que realmente se puede sostener, y cuando esta distancia es demasiado grande, aparece la sensación de fracaso, insuficiencia y autocrítica que puede anidar, poco a poco, una depresión.

La depresión está fuertemente asociada a esa cultura de hiperexigencia.

Esa distancia tan grande entre las expectativas y las capacidades psíquicas para alcanzarlas, genera un juicio devaluador de sí mismo y con ello, se desencadenan sentimientos de incapacidad, miedo al fracaso y mucha ansiedad, que van agotando emocionalmente, hasta instalar la depresión.

La sociedad empuja a mostrarse siempre fuerte, eficiente y emocionalmente imperturbable. Esta exigencia de invulnerabilidad termina alejando a las personas de su propia fragilidad y necesidades emocionales. Estar en ese estado de sobre funcionamiento produce desgaste emocional.

Aceptar la vulnerabilidad sería una condición para un mayor bienestar psicológico.

Muchas personas sienten ansiedad, angustia o vacío sin poder identificar claramente qué les ocurre, por lo que les cuesta poner en palabras la experiencia emocional. Esto se debe a la incapacidad para comprenderse o entenderse por la desconexión consigo mismo, están perdidos en las exigencias externas.

Es así, como comienza la dificultad para construir una historia coherente sobre sí mismo.

Es el espacio de encuentro con lo más profundo y auténtico de sí mismo, espacio que permite reformularse a través de la misma experiencia de vulnerabilidad.

Vivimos rodeados de estímulos, tareas y demandas constantes. Este ritmo acelerado deja poco espacio para detenernos, reflexionar y dar sentido a nuestras experiencias.

Como consecuencia, se dificulta la construcción de una identidad sólida y de una sensación de continuidad personal que nos permita comprender quiénes somos y desarrollar un proyecto de vida coherente con nuestros valores, necesidades y circunstancias reales, en lugar de perseguir modelos externos con los que, en el fondo, no nos identificamos.

El éxito económico y el rendimiento se han convertido en medidas casi exclusivas del valor personal.

El bienestar psicológico no depende únicamente del rendimiento o los logros alcanzados. También requiere recuperar aspectos fundamentales de la vida humana: construir vínculos significativos, desarrollar proyectos con sentido personal, alcanzar una estabilidad material acorde con las necesidades reales y disponer de tiempo para vivir, reflexionar y experimentar la vida con profundidad.

En este contexto, la psicoterapia se convierte en un espacio de observación y reflexión que va más allá de comprender qué nos ocurre.

Es una oportunidad para fortalecer la capacidad de autoobservación, profundizar en el autoconocimiento y explorar de manera más consciente nuestras emociones, capacidades, necesidades y expectativas, favoreciendo una relación más auténtica con nosotros mismos y con nuestras decisiones.

Artículo publicado por la Psicóloga Cecilia Guerra

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